Tres poemas sobre pájaros
I. Cementerio de pájaros
El día que te fuiste, los pájaros que viven en mi cabeza escaparon
y la casa, oscurecida por el aleteo desesperado de mi mente,
se convirtió toda en un mal pensamiento.
Tormenta pájaro piedra devoró la luz que doraba tu rostro,
los retratos que no te tomé.
Intenté nombrar las sombras de mi confusión:
le dije cuervo a todo lo negro,
buitre a todos los augurios
y perlita¹ a los buenos recuerdos.
Pasaron años y yo, encerrado en la misma jaula,
atrapando pájaros, desmembrando sus sombras
para ver si en su interior encontraba algo:
una pluma o una migaja de tu cuerpo,
una ramita o un susurro del viento
que pronunciara tu nombre.
Pero no encontré nada,
después de escarbar en el pecho de miles de pájaros,
no encontré nada.
Tampoco me atreví a dejarlos morir,
a todos les regresé las vísceras y las plumas
e incluso aproveché mi nuevo conocimiento de sus cuerpos
para dejarles adentro un nombre, una palabra
que me dijera que ya había visitado esa sombra.
El tiempo ha pasado y los pájaros ya no vuelan,
están quietos, sujetados por el peso de sus nombres.
Incluso, algunos han muerto
y tu recuerdo de tormenta se ha convertido en aire,
ahora respiro tu ausencia
transparente e ineludible.
El cementerio de pájaros que dejaste
se convirtió en un huerto
donde cosecho alas,
nombres —el tuyo—,
cielos y poemas.
II. Pensamientos
Nuestras mentes son como jaulas repletas de pájaros:
Si las condiciones son adecuadas
puedes escuchar el amanecer cantando.
III. Torimorebi
Komorebi es una palabra japonesa,
se escribe árbol escapar luz
y describe el efecto de la luz que atraviesa la canopia.
Es por eso que llamaré a este poema torimorebi,
porque se escribe pájaro escapar luz
y describe cómo el poema se filtra por mis pensamientos.
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